Susan Burnstine, la cazadora de pesadillas

Descubrí a Susan Burnstine por casualidad. Una foto llamó poderosamente mi atención: en ella, una mujer extendía sus manos hacia la cámara. Parecía estar detrás de un cristal sucio, pero había algo en esa imagen que la hacía diferente, una especie de fantasmagoría muy personal, una atmósfera onírica pero muy real, y sobre todo, un sentimiento, una sensación muy propia de un mundo que todos conocemos: el se los sueños.

Busqué el nombre de su autora. Susan Burnstine. Era la primera vez que oía su nombre. Y la primera vez que descubría sus fotos. Esa mujer de rostro inexistente y manos extendidas me llevó a otra foto, la de un perro negro solitario caminando por una carretera desierta y casi invisible. Y ese perro me llevó a un puente, en el que una figura humana parece estar quieta, observándome…

El mundo de Susan Burnstine me atrapó, y lo hizo de tal manera que dos días después su libro ‘Absence of Being’ estaba ya en mis manos.

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Investigué todo lo que pude sobre esta increíble fotógrafa que construye sus propias cámaras y consigue enfrentarse a sus terrores nocturnos “cazando” sus pesadillas en el mundo real.

Poco a poco, la historia y la personalidad de Susan fueron desvelándose a través de entrevistas, videos y fotografías. Este post es el resultado de mi viaje al mundo de Susan…

Mientras algunos fotógrafos muestran el mundo exterior, otros vuelven la vista a su yo interior. Yo estoy entre estos últimos. La verdad es que nunca me planteé ser artista. De pequeña soñaba con ser actriz o una gran escritora. Todo comenzó cuando tenía cuatro años y sufrí un enorme trauma al presenciar algo que nadie debería ver jamás, algo que me cambió la vida por completo. Como consecuencia de ello, empecé a tener pesadillas y a sufrir terrores nocturnos. Eran pesadillas de las que me costaba despertar, nadie podía hacerlo, tenía que despertarme yo misma para salir de ellas. Eran terroríficas. Yo era incapaz de enfrentarme a ellas y mis padres tampoco sabían qué hacer.

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Yearn. Foto: Susan Burnstine

Mi madre era artista, se dedicaba a la música y era una persona muy creativa, y se le ocurrió enseñarme a dibujar mis pesadillas. Empecé a hacerlo cuando tenía unos seis años y nos mudamos desde el sur de Florida a Chicago. Siempre que tenía pesadillas mi madre se sentaba en la mesa de la cocina conmigo y creábamos una pequeña obra de arte basándonos en mis sueños: esculpíamos, pintábamos, dibujábamos… Aquello fue lo único que me ayudó a afrontar mis traumas.

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Impasse. Foto: Susan Burnstine

Continué dibujando durante toda mi infancia, porque las pesadillas no llegaron a desaparecer, al mismo tiempo que mi madre me iba introduciendo en nuevas formas de arte. Así, a los ocho años empezó a enseñarme fotografía. Ella era una entusiasta y coleccionaba cámaras antiguas y raras. Tenía un montón de Brownies de Kodak y Polaroids sx-7; y una cámara pequeñita, una Pentax 110, que era una cámara horrible que sacaba fotos malísimas, pero siempre la llevaba en el bolso, iba a todas partes con ella. También llevaba destornilladores y un montón de cosas raras que golpeaban la cámara constantemente. Al final, las lentes estaban hechas un asco, atrofiadas, pero mi madre me daba la cámara y me animaba a hacer fotos.

Cuando ella vio el primer rollo de fotos que saqué me miró y me dijo: “Vas a ser fotógrafa”. Y eso se me quedó ahí, grabado, de tal forma que la fotografía ha sido mi pasión desde que tenía 8 años. Revelé mis primeras fotos a los 11. Mi padre, que era ingeniero e inventor, me hizo un cuarto de revelado en el sótano, cerca de su estudio, y recuerdo que le escuchaba trabajar mientras yo revelaba mis fotos. Me enamoré de mi cuarto oscuro, casi puedo decir que no salí de allí hasta que cumplí los 19. A los 14 empecé a trabajar para un fotógrafo comercial y estaba tan metida en el mundo de la fotografía que no quería hacer nada más.

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In the Midst. Foto: Susan Burnstine

Pero acabé saturada, y cuando fui a la universidad decidí estudiar Cine. Dejé la fotografía a un lado hasta que mi madre murió trágicamente cuando yo tenía 33 años. Los terrores nocturnos volvieron como una especie de venganza. No sabía qué hacer. Lo único que se me ocurrió fue homenajear a mi madre retomando la fotografía y haciendo fotos de mis sueños y mis pesadillas. La fotografía era mi modo artístico de expresarme.

En aquella época trabajaba en Hollywood y llevaba unos 10 años sin coger una cámara de fotos. Empecé a hacer fotos con todas las cámaras que me encontraba, pero nada de lo que fotografiaba se parecía a lo que yo veía y sentía en mis sueños. Lo intenté y lo probé todo, todo tipo de cámaras, hasta que mi exnovio me dio una Holga. Miré los efectos que producía y me dije: “Aquí hay algo”.  Pero no era lo que yo quería.

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The road most travelled. Foto: Susan Burnstine

Como buen ingeniero e inventor, mi padre me enseñó que si algo no existía había que inventarlo. Y eso hice. La desmonté y la rearmé la Holga, hice fotos con un ‘tele’, primeros planos… Hice un montón de pruebas y disfruté muchísimo. Pero así y todo, las fotos que hacía parecían hechas con una cámara de juguete y no reflejaban las imágenes de mi subconsciente.

Le planteé el problema a mi padre y me dijo: “¿Por qué no construyes algo”? Me puse a ello y tardé cerca de un año en aprender a construir cámaras, desmontando y reconstruyendo Holgas de manera obsesiva. Pero decidí que no quería una Holga, sino algo que fuera realmente único, así que empecé a hacerlas de forma artesanal. A la primera la llamé Johnny Cash I. Tengo la costumbre de ponerles nombres de cantantes famosos. Johnny Cash es mi favorito, pero también las he llamado Koko Taylor o John Lee Hooker.  

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Johnny Cash 1

Estas cámaras tienen sólo tres velocidades de disparo, es como si fueran de juguete, son muy imprecisas, sólo tienen un nivel de apertura. Las lentes están hechas de plástico moldeable, los fuelles los hago con bolsas de basura, uso mucha goma y cinta adhesiva para unir y reforzar las partes que se rompen una y otra vez… Por eso son tan negras. Son la cosa más fea que puedas ver pero producen unos efectos increíbles.

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Blue’s Nose. Foto: Susan Burnstine

Mi primera foto de prueba fue la nariz de Blue, mi mascota, que murió en julio de 2012 a los 21 años. La saqué en 2005, la puse en un blog y todo el mundo me decía que aquello que estaba haciendo era algo especial. Me di cuenta de que me gustaba el efecto, pero que no sabía muy bien cómo usarlo, así que empecé a usarlo para llevar una especie de diario de mis sueños. Eso fue en marzo de 2005 y ese mismo año, en junio, fui a Londres y saqué una foto de la estación de Paddington. Tuve un sueño en el que estaba en el metro y se me ocurrió hacer esa foto. Al ver el resultado, sentí que se estaba abriendo una puerta y que algo estaba funcionando: podía reconocer mis traumas y mis sueños en estas imágenes.

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Paddington Station. Foto: Susan Burnstine

Seguí haciendo fotos y tuve una época muy prolífica entre 2005 y 2007. De ahí salió el primer capítulo de ‘Within Shadows’ llamado ‘Waking dreams’. En él hay una imagen que es la única que es exactamente igual a lo que soñé.

A veces fotografío símbolos o metáforas, y otras fotografío exactamente lo que veo en mis sueños. Este lugar está sólo a 20 minutos de mi casa, metí al perro en el coche y fui hasta el puente, hice unas pocas tomas y volví a casa. Revelé la película al día siguiente, vi la imagen y me dije: “¡La tengo!”. Se ha convertido en una especie de imagen fetiche para mí.

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Bridge to nowhere. Foto: Susan Burnstine

Seguí haciendo fotos. No tenía la conciencia de ser una artista, lo que hacía era fotografiar para mí. Sólo conocía fotógrafos documentales y editoriales y cuando mi amigo Dave me introdujo en el circuito de las galerías de arte no sabía muy bien qué hacer, quería aprenderlo todo. Empecé a notar la presión de tener que producir más, y de tener que hacer algo que no fuera sólo para mí. Tuve que aprender a no prestar atención a lo que el resto de gente veía o juzgaba y seguir adelante.

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Grasp. Foto: Susan Burnstine

Empecé el segundo capítulo de ‘Within Shadows’, al que llamé ‘Between’. Quería hacer algo diferente, capturar las emociones que sentía cuando me despertaba. Todas las imágenes que conforman ese capítulo llevan el nombre de una emoción, un sentimiento. Fue la única vez que trabajé con gente conocida. Siempre he capturado cosas al azar, con gente que no conocía, pero para este capítulo llamaba a mis amigos a las 6 o 7 de la mañana y les pedía que vinieran conmigo. En total hice unas 10-12 fotos.

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Foto: Susan Burnstine

Después de ‘Between’ comencé a trabajar en un capítulo al que llamé ‘Fly’. Habla de salir de mis sueños, de despertarme. Cuando estaba acabando el capítulo hice un viaje a Nueva York que me llevó al siguiente capítulo.

Terminé ‘Within Shadows’ en 2009 y después mi padre tuvo un derrame cerebral. Fue una época dura en mi vida. Mi padre era un exjugador de rugby, un hombre grande y fuerte, capaz de conquistar el mundo. Perdió el control de la parte derecha de su cuerpo por completo y murió en seis meses. Me hizo darme cuenta de que estaba sola en el mundo, no tengo mucha familia.

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Foto: Susan Burnstine

Siempre que alguien de mi familia muere, las pesadillas vuelven. Cuando mi padre murió, mis pesadillas eran muy diferentes a las que tuve cuando murió mi madre, la perspectiva cambió tanto en mi subconsciente como en la parte consciente con la que hacía las fotos. Siempre hay una presencia humana en las fotos que hice entonces. Pero todo se ve muy pequeño y eso representa lo que yo siento y lo que sueño ahora mismo.

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The approach. Foto: Susan Burnstine

 

La siguiente es mi foto favorita, se llama ‘The Last Goodbye’. Es seguramente la foto que técnicamente más me ha exigido de todas las que he hecho. La miro y me dan ganas de llorar, porque cuando haces algo que lo deseas con tanta fuerza y lo consigues… Eso que parece un torbellino es lluvia. Yo iba girando la lente para intentar crear ese efecto. Fue un reto muy difícil tratar de desenfocar esa parte y mantener el resto de la imagen enfocada.

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The Last Goodbye. Foto: Susan Burnstine

Bajo los arcos se ven dos figuras; es una persona con un paraguas que está saltando un charco y su sombra reflejada. No sabía que esa persona estaba ahí cuando saqué la foto, y eso es lo realmente curioso de cómo funciona el subconsciente. Mi foto favorita es esa de Cartier-Bresson en la que se ve a un hombre saltando sobre un charco y resulta que hay una persona haciendo lo mismo que aparece en mi foto. Es muy bonito que pase algo así.

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 Behind the Gare St Lazare, Paris, 1932. Foto: Henri Cartier-Bresson

Soy muy meticulosa editando mi trabajo, por eso sólo enseño aquellas imágenes que dicen lo que necesito decir. No suelo retocar mis fotos, me limito a mirar mis hojas de contacto y si una imagen llama mi atención la imprimo en grande y compruebo que funciona. A veces lo hace y a veces no. Mi forma de trabajar me lleva mucho tiempo porque el concepto, el proceso y el contenido tienen que estar perfectamente alineados. De lo contrario, descarto el negativo, que es lo que pasa la mayoría de las veces.

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North Beach. Foto: Susan Burnstine

Para mí, la película fotográfica es una entidad física, algo totalmente diferente a la imagen digital, que no es más que un montón de unos y ceros. Una nunca sabe qué esperar de la película, la que uso es de medio formato: puedes ser un gran maestro y aún así sorprenderte con los resultados. Y es precisamente la sorpresa, el aspecto desconocido, lo que más me inspira. También me encanta trabajar con algo físico, que puedo tocar, más que estar sentada frente a un ordenador.

Dicho esto, también tengo una cámara réflex digital y me gusta trabajar con ella en las raras ocasiones en que la uso. Para mí es un músculo creativo totalmente diferente al de trabajar con mis cámaras y lentes de fabricación casera, no siento que esté comunicado con un lugar psicológico profundo, pero quizás en algún momento encuentre la forma de aprovechar esa misma inspiración creativa con la cámara digital.

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Foto: Susan Burnstine

No podría decir que estoy 100% consciente o lúcida cuando hago fotos. Revivo el sueño que he tenido la noche anterior a través del mundo que me rodea, y ese tejido emocional es mi material de trabajo.

Hacer fotos me transporta a otro lugar de mi consciencia. Me concentro en la crudeza y la emoción que definen el sueño de la noche anterior, luego disparo. Mis imágenes me encuentran en mis sueños. No puedo forzar una imagen. Todas ellas son, en esencia, autorretratos, fragmentos de mis luchas conscientes representadas en mi mundo inconsciente. Mi proceso es siempre el mismo: tengo una pesadilla, la escribo en mi diario, luego salgo con mi cámara y la fotografío. Nunca sé dónde voy porque mi forma de trabajar se basa en el instinto, busco sombras del pasado en el presente.

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Run. Foto: Susan Burnstine

Mi trabajo se basa en encontrar algo, y para ello puedes ir hacia la luz o hacia la oscuridad, y es eso lo que trato de comunicar en mis fotos, a través de las luces y las sombras, enfrentando las unas a las otras.

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Transit. Foto: Susan Burnstine

Mis imágenes tienen defectos, aberraciones y errores que se basan en la pureza, la verdad y la realidad. Yo veo la perfección como una mentira o una manipulación. Y la búsqueda y el descubrimiento de la verdad es una gran parte de lo que trata mi trabajo… encontrar la verdad dentro y fuera de ti en diferentes niveles y conciencia.

Mis mayores influencias vienen de la pintura, más que de la fotografía. Cuando era niña, mi madre solía llevarme al Chicago Art Institute. A los seis años me cautivaron los impresionistas y soñé con convertirme en una de ellos (por supuesto, en ese momento no sabía que había nacido unos cientos de años tarde). Monet y Cassatt. . . y luego me inspiré en el puntillismo.

Seurat - Tarde de domingo en la isla de la Grand Jatte (1884-1886)
Tarde de domingo en la isla de La Grande Jatte. Autor: Seurat

Seurat fue un revolucionario para mí.  Cuando vi “Una tarde de domingo en la isla de La Grande Jatte” supe que quería convertirme en artista. . . Recuerdo estar allí parada, pensando “¿Cómo lo hizo?” Y luego me mostraron “El Mundo de Christina” de Andrew Wyeth. Esa imagen sigue siendo la fuerza guía y la inspiración para mí hasta el día de hoy.

el mundo de christina andrew wyeth
El Mundo de Christina. Autor: Andrew Wyeth

A los fotógrafos que buscan su propia voz suelo decirles que sean sinceros consigo mismos, que aprendan a filtrar las opiniones válidas y verdaderas de aquellas que no tienen tanto peso. Es muy importante conocerse a uno mismo y cómo encajas en lo que quieres hacer, y no perder el tiempo intentado emular a otros.

En lo que respecta a mis fotos, no quiero imponer mis interpretaciones personales como si fueran las únicas posibles porque quiero que quienes las vean puedan tener sus propias experiencias. Disfruto mucho con las reacciones de los demás, ya que pueden ser muy diferentes a las mías. Muchos han dicho en broma que mis imágenes parecen un Test de Rorschach (prueba para evaluar la personalidad que se basa en la interpretación de 10 láminas en las que aparecen manchas de tintas simétricas).

And ever
And Ever. Foto: Susan Burnstine

Creo que es lógico que un artista no quiera convertirse en una parodia de sí mismo. Seguiré trabajando con cámaras caseras mientras me permitan seguir expandiéndome y creciendo como persona y artista. Sé que muchos espectadores prefieren identificar fácilmente a un artista por su estilo, y eso ha sido una preocupación, pero no me gusta poner limitaciones a las herramientas que uso. Lo más importante es el contenido y encontrar la herramienta correcta para transmitir lo que estoy tratando de decir. Mi primer amor fue la fotografía documental. Quién sabe, algún día podría dar un giro de 180 grados y volver a usar lentes convencionales…

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3 respuestas a “Susan Burnstine, la cazadora de pesadillas

  1. Qué gran post! Que historia tan dramática y a la vez que trabajo tan bello. Me ha gustado mucho como narra la autora su experiencia vital y fotográfica. Cuanta sabiduría para asimilar. Muchas gracias, como siempre y no me canso, por hacer este blog.

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  2. Gran descubrimiento. Me recuerda un poco al trabajo de Michael Ackerman. Pero mientras en Ackerman todo es neurosis y locura, Burnstine es onírica. Uno deforma la realidad, la otra recrea directamente sus sueños, sus pesadillas. Ambos trabajan con el subconsciente, ambos hacen fotografía desde dentro.

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